Durante los días anteriores hemos preparado la piel y el cuerpo con distintos cuidados y pequeños rituales. La piel empieza a responder, a sentirse más activa y más receptiva. Pero hay un paso importante que muchas mujeres descubren cuando empiezan a cuidar su piel con más atención. Antes de nutrir en profundidad, conviene retirar lo que ya no sirve. Las células muertas, el polvo y las pequeñas capas que se acumulan en la superficie pueden apagar el brillo natural de la piel. Por eso hoy vamos a trabajar la exfoliación: un gesto sencillo que ayuda a renovar la piel y a prepararla para los cuidados que vendrán después.
Cuando una mujer empieza a exfoliar su piel con suavidad y constancia, ocurre algo sencillo pero muy visible.
El rostro recupera luminosidad, la textura se vuelve más uniforme y los preparados que se aplican después funcionan mucho mejor.
La exfoliación no es un gesto agresivo. Es una forma de ayudar a la piel a renovarse y a volver a respirar.
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